PEATONES A LA RECONQUISTA DE SANTIAGO


Miércoles, 2 de noviembre de 2011

En los años ochenta, la monumental plaza del Obradoiro servía de aparcamiento para quien llegaba a visitar Santiago. En 1985, la Unesco declaró la ciudad Patrimonio de la Humanidad y tras tres décadas de progresiva peatonalización, no exenta del recelo de muchos de los comerciantes y vecinos, hoy Santiago es una ciudad con calles vivas que privilegian el paseo del peatón. Para continuar trabajando en esa línea, trece actuaciones puestas en marcha por el ayuntamiento han tratado de rescatar algunas de las calles en las que los automóviles habían ganado la batalla al disfrute de los viandantes. Se trata de una suma de proyectos que busca recuperar las rúas como espacios públicos y que trata de reducir al mínimo la presencia de los coches en el casco histórico y las áreas vecinas. La idea es conseguir calles para quedarse en la calle.

Esa idea era el motor detrás de la actuación que Elisabeth Ábalo y Gonzalo Alonso desarrollaron en la zona de San Clemente y la rúa Trinidade, a pocos metros de la, hoy despejada, Plaza del Obradoioro. Allí, entre edificaciones del siglo XIX,  el jardín de la Biblioteca Universitaria y los alumnos de un instituto, una gran rampa cubría un transformador desde hace medio siglo y el añadido de un aparcamiento había agrandado su presencia. Así, los coches aparcaban bajo la pendiente y la vida pública quedaba reducida a una estrecha acera en la que los restaurantes apenas podían montar sus terrazas.

Ábalo y Alonso redujeron la presencia de la rampa a un solo carril, suavizaron su  pendiente y cubrieron el muro del mismo pavimento de bandas de granito que cubre las calles de la ciudad antigua.  Un magnolio junto a la escalera impide la bajada descontrolada. La propia escalinata prolonga alguno de sus peldaños, convertido en grada al llegar a la calle Roxoi. En el nuevo espacio despejado, pensado para soterrar el transformador, apareció una fuente medieval del antiguo huerto de Colegio de San Clemente. Una empresa especializada la restauró y los arquitectos delimitaron la zona con una cinta de pizarra. Más allá de un espacio despejado para la vida ciudadana, la actuación de Ábalo y Alonso ofrece hoy aire, un vacío en el que poder reinventar la vida en la ciudad estación a estación. Marco frente a bullicio, gradas frente a coches y árboles (un tilo, un arce y un álamo –todos de hoja caduca- en torno a la fuente para ofrecer sombra en verano-), frente a bordillos.

Vista aérea previa

Vista aérea actual

El plan municipal que suma trece pequeñas actuaciones en Santiago persigue un gran fin. Las diversas intervenciones están coordinadas por el arquitecto municipal Javier Fernández, que, orquestando el trabajo común, puso en marcha estudios geotécnicos y de previsión arqueológica para arraigar la actuación de los arquitectos. Al final, en el plano de Santiago hoy se diluye –no se sobrepone- el nuevo plano que dibuja el recorrido de las diversas actuaciones. Algunas de ellas se conectan, se atrapan, y el trabajo discreto de los arquitectos deja ver ese alcance que funde sus intervenciones con las del proyectista vecino. Con tanta sutileza, la arquitectura no solo recupera la ciudad para los peatones, también se convierte en una lección de civismo.

Fuente: ElTiradorDeLaCiudad

Fotografía: Santos-Diez

+Información: Urban-e