ESCUELA INFANTIL Y CENTRO DE DÍA (Eirís, A Coruña) – CARLOS QUINTÁNS


Lunes, 18 de marzo de 2013

En una parcela contigua al trazado de un oleoducto, junto al parque coruñés de Eirís, se inserta la nueva guardería y centro de día proyectada por el arquitecto Carlos Quintáns. Cerrado hacia el Norte y abierto hacia el Sur, tiene accesos independientes para cada uno de los programas —escuela infantil con 82 plazas y centro de día con 60—, y está concebido como un muro de contención en un lugar devastado por las excavaciones derivadas de las instalaciones petrolíferas que originaron pronunciados desniveles a los que se adaptan un patio en la cota baja para la escuela infantil y una gran explanada a una parte superior para el centro de día.

“La parcela donde se levanta esta guardería y centro de día se había salvado por el trazado del  oleoducto”, cuenta el arquitecto Carlos Quintáns. Tenía cerca una avenida amplia y un gran parque con vistas a la ría. Sin embargo, mutilaron esa topografía, “tal vez por desidia de quien planifica”, explica también el arquitecto gallego.

Con el Centro trató de restablecer el contacto topográfico para arraigar el edificio. Como resultado de la pobre planificación, el arquitecto se vio obligado a dedicar parte del presupuesto del colegio a trabajos de movimiento de tierras. De ese recorte habla la escuela con austeridad. “Se nota un ajuste exagerado en las calidades de lo edificado. Se necesitó reducir a lo esencial el proyecto”, explica. Reducir en arquitectura es casi lo mismo que elegir.

Hoy la escuela está asentada en un terreno labrado de nuevo por el arquitecto. Es un edificio y a la vez dos: la guardería y el centro de día, pero es, sobre todo, un gran muro de contención en el que aparecen dos puertas que se juntan sin unirse. Hay dos puertas dentro de un espacio que se vuelve liso frente a la aspereza del hormigón levantado con encofrado de tabla no alineada de toda la fachada.

El muro del edificio es más visible en la fachada norte, donde permanece cerrado. Busca sol y luz en el sur abriéndose entre o sobre los cortes del terreno. El edificio está construido con un único material, hormigón, pero tiene un corte con más precisión en las entradas y otros más contundentes en los huecos. El hormigón está, además, arropado por linóleo, para que pisen los niños, y madera para el suelo de los ancianos. La carpintería de madera da calidez a un interior severo que, sin embargo, gradúa y matiza la luz.

Junto a la guardería hay un patio en la cota más baja. Es para que jueguen los niños. En la cota superior hay otro que Quintáns llama explanada. Es para que los ancianos miren cómo juegan los niños.

Es ese cruce de miradas lo que da vitalidad al inmueble. Pero son los muros de contención los que, tratando de poner orden en un solar destrozado, van dando también forma a la parcela y podrán, en un futuro, llegar a conectar el centro con el antiguo parque.

La organización de cada una de las partes del edificio (guardería y centro de día) se inicia en esos patios. Colocados en paralelo, solucionan la iluminación y la ventilación de la guardería, los pasillos y las zonas auxiliares y dividen en varios espacios el centro de día. Los patios no interrumpen la mirada. Permiten visiones largas, sin obstáculos.

Fuente: ArquitecturaViva

Fuente: El Pais blog