COMEDOR EMERGENTE, CHILE – Javier Rodríguez Acevedo


Miércoles, 2 de febrero de 2011

En la búsqueda de un proyecto de titulación, se encontró una empresa agrícola ubicada en la ribera norte del río Lontué que requería un comedor agrícola para sus trabajadores que se desempeñan según temporada entre podas, raleo y cosecha. Mas fuertemente en este ultimo, entre los meses de Enero y Marzo.

Entonces, se necesita un comedor que responda a las condiciones especialmente de verano, que signifique una mejora de las condiciones de los trabajadores que actualmente almuerzan en el piso.

Hacer aparecer algo en el campo, exige ciertas leyes que logren engastar un volumen de buena forma en un territorio aparentemente sin medida. Al observar el campo, “lo rural”, se encuentra que una de las diferencias mas radicales con lo urbano, cuanto a sensaciones, tiene que ver con el largo de la mirada. Al contrario de lo urbano y su constante sumergimiento entre muros, panderetes, cubiertas de zinc, postes, etc. La condición de ruralidad tiene una relación del largo de la mirada, la considerable distancia que a diario se experimenta entre donde me sitúo y lo que desde allí alcanzo a mirar. Acompañado de una relación cielo-tierra en donde insistentemente se tienden a juntar.

Se aborda lo rural solo desde sus preexistencias constructivas y no mas allá. En el sentido del como allí se construye, la manera en como se solucionan las cosas. Se rescata la sensatez extraordinaria de sus construcciones que abordan por sobre todo lo funcional y su implícita belleza que se asoma inconsciente en la mayoría de sus construcciones anónimas, operación que supera cualquier formalismo.

Al observar el habitar en el campo se percibe un cierto desorden, el que está determinado por los límites difusos, mezclados, con muros que logran su espesor a partir del apilamiento de cosas, alejándose de rigores espaciales estrictos. Dicha condición cambia radicalmente cuando se trata del trabajo, sean las siembras, las plantaciones o cualquier otra de las faenas que lo determinan. Entonces, a la casa de un  campesino se pueden aplicar calificativos que digan de un descontrol, pero no así a su trabajo.

Fuente: PlataformaArquitectura